Apoyé mi mano sobre su pierna y lentamente fui subiéndola hasta su entrepierna, él hacía ya varios minutos que no miraba al campo, su vista buscaba ansiosa en mis ojos el gesto de consentimiento para hacer lo que los dos deseábamos desde hacía ya mucho tiempo. Su brazo comenzó a deslizarse desde mi hombro hasta rozar mis pechos ya erizados por el intenso frío de ese día de enero. Me estaba excitando y la respiración de Borja era cada vez más intensa. La notaba en sus intensos besos, en sus delicadas caricias sobre mi cuello y cuando introdujo sus pequeños dedos en mi sexo.
Oía a la gente gritar cerca de mí, pero no me importaba. El momento de excitación era tal que parecía que en el campo tan sólo estuviéramos él y yo. Sin darnos cuenta estábamos metidos en una cápsula de silencio, de ternura y de placer que nos hizo perder la noción del tiempo y del lugar.
Las gotas de agua, provocadas por la lluvia intensa que amenazaba durante toda la tarde, fueron cayendo sobre mis pechos, ya al descubierto. La camiseta que me había prestado Borja hacía rato que yacía sobre el suelo. Con su lengua iba deshaciendo cada gota de mi cuerpo.
Me coloqué de rodillas sobre él y con mi mano busqué ansiosa la zona más abultada de su pantalón. Fui acariciando suavemente su miembro, mientras él mordía mi cuello. Lo aparté unos segundos y fui bajando hasta dar con mi boca en su pene. Comencé a lamerlo con intensidad, mientras él sujetaba con delicadeza mi cabeza.
Cada vez nos íbamos excitando más y más. Volví a colocarme sobre él, dispuesta a que Borja me penetrara con todas sus fuerzas.
Me subí un poco la falda, y solamente tuve que agarrar el miembro firme de Borja e introducirlo en mi vagina, comencé a moverme suavemente, primero con movimientos hacia delante y hacia atrás, que combinaba esporádicamente con movimientos laterales. Borja, que estaba justo a mi espalda, masajeaba enérgicamente mis pezones, me gustaba que a veces demostrase que en tiempos pasados fuimos una especie más salvaje, ya tendríamos otros momentos más adecuados para las caricias…, ahora los dos, solamente buscábamos saciar nuestra necesidad (casi instintiva) de sexo.
No quería que ese momento terminase, poco a poco fui incrementando la cadencia de los movimientos, ahora ya no me preocupaba mucho que nos viese alguien al que el partido no le interesase, me di la vuelta mirando hacia Borja y dejé que esta vez fue él el que mediante sus manos en mis nalgas me dijese la velocidad que quería.
Estaba tan excitado, en realidad estábamos los 2, que al poco noté esos pequeños gemidos que Borja solía emitir cuando estaba a punto de correrse.
Obviamente mi intención no era ser mamá, así que rápidamente me levanté y justo en ese momento Borja se corrió entre mis nalgas, rápidamente le cogí su miembro y empecé a agitárselo de arriba hacia abajo para que la sensación fuese más intensa. Fue una sensación bastante agradable el contraste de temperaturas entre el exterior y su semen. Sabia que a mi no me molestaba. Cogí del bolso un par de pañuelos de papel y nos limpiamos, unas breves miradas a nuestro alrededor y tranquilamente nos levantamos para irnos a tomar un chocolate caliente a alguna cafetería, el partido era lo de menos…